Una persona se encuentra un teléfono móvil perdido en la calle. Para poder devolverlo llama a uno de los contactos de la agenda: No responde. Llama a otro y es una amiga del dueño del teléfono, con la que queda para devolver el teléfono. De camino a la cita para la devolución recibe una llamada de una nueva chica-que-titubea, la persona le explica la situación, y que ha ido a devolverle el móvil a "una amiga del dueño". Por fin, la chica-que-titubea salta como una fiera: "¡No le des el teléfono a ninguna chica!". Acto seguido se pone al aparato el novio de la chica-que-titubea (que es el dueño del móvil) y se interesa por quién lo tiene, cuál es la situación, etc. y da las gracias. El teléfono es devuelto a la primera chica que llamó, sin ningún gesto de gratitud, más bien lo contrario. Fin de la historia.
Son las 4 de la madrugada y hay luz en la casa de putas del barrio. Un oasis de calor.
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