En el amor nadie encuentra lo que busca, salvo en la propia cabeza y en la propia imaginación. Siempre aspiramos a atrapar nuestros deseos, sean conscientes o no. Siempre aspiramos a la persona amada, tanto si existe como si la figuramos. Siempre aspiramos a ser mejores aunque, en el camino, algunos se empeñen en huir de sí mismos.
Quieres a esa chica, que quiere a ese chico, que quiere a ese hombre, que cree no ser querido.
Con todo, el camino está lleno de comuniones y de curvas que no estaban previstas en la guía de nuestros deseos imaginados. En este viaje podemos programar la ruta, igual que podemos cambiarla a cada momento, o montarnos en el transporte público, o hacer auto-stop.
No es la vida quien elige el camino, sino tú.
Desperezarse, bostezar y fumar. Cómo te ves en el futuro.
La vida pasada tiene la cualidad de resultar inofensiva y pura en el recuerdo. Todos los sueños quedan intactos, realizados, en comparación con la neblina que confunde el día a día del presente, en donde apenas tenemos perspectiva de quiénes somos y en dónde estamos.
Éramos tan felices.
Nos persigue lo inevitable del dolor, el castigo y el sufrimiento, autoimpuestos.
Los sufrimientos sobrevenidos (como la muerte ajena o un golpe en la pierna) se asimilan con la alegría de lo que está vivo y cambia (aunque sea para morir), y uno se desahoga, y llora o ríe o calla.
Sin ambargo, nuestro dolor más común es el evitable, el que nos autoinflingimos en nombre de nuestra cortedad de miras espirituales. El sentimiento de venganza o aguantar (o por supuesto inflingir) voluntariamente la injusticia son actos que asumimos que nos causan descontento y dolor, pero a la vez los elegimos a sabiendas de sus consecuencias.
Cada situación de egoismo, de venganza etc. de nuestra parte, no es más que una película cuyo desarrollo conocemos desde antes de poner en marcha una escena, que, sin embargo, es como la bollería industrial: engaña. El dulce del azucar oculta la basura dañina y sólo crea mayor ansiedad y problemas.
Si cada acto es una película cuyo desarrollo conocemos, tan sólo hemos de evitar la ansiedad que nos provoca y nos seguirá provocando (cuando haya transcurrido la película) cambiando el curso de los acontecimientos porque, además de espectadores especulativos, somos fundamentalmente los protagonistas.
La sustitución de la venganza, la ira o el egosimo por la mística (llámala Tao, o Cola-Cao, o bondad) no sólo evita la úlcera o el cáncer espiritual y físico sino que, principalmente, nos hace más inteligentes y, por lo tanto, más felices, que no estúpidos.
No dejes que tu felicidad sea un desastre porque "tú eres así" (farse que suele ser dicha con patético orgullo) que es tanto como decir que eres dañino y cobarde.
Una persona se encuentra un teléfono móvil perdido en la calle. Para poder devolverlo llama a uno de los contactos de la agenda: No responde. Llama a otro y es una amiga del dueño del teléfono, con la que queda para devolver el teléfono. De camino a la cita para la devolución recibe una llamada de una nueva chica-que-titubea, la persona le explica la situación, y que ha ido a devolverle el móvil a "una amiga del dueño". Por fin, la chica-que-titubea salta como una fiera: "¡No le des el teléfono a ninguna chica!". Acto seguido se pone al aparato el novio de la chica-que-titubea (que es el dueño del móvil) y se interesa por quién lo tiene, cuál es la situación, etc. y da las gracias. El teléfono es devuelto a la primera chica que llamó, sin ningún gesto de gratitud, más bien lo contrario. Fin de la historia.
Son las 4 de la madrugada y hay luz en la casa de putas del barrio. Un oasis de calor.